Escoger un fotógrafo profesional para que inmortalice el día de la boda es algo fundamental y una tarea que no resulta sencilla. Y es que no todo el mundo tiene la sensibilidad y el tacto que es necesario para saber encontrar y fotografiar los momentos de un día tan sumamente importante.

Lo ideal es lograr una óptima personalización del trabajo para llegar a reflejar el estilo y el gusto de la pareja, de tal manera que ellos se conviertan en los protagonistas de este día de una manera natural.

Las fotografías de boda son un género fotográfico que, en apenas unas décadas, ha avanzado mucho. Antes, un fotógrafo de boda no se salía, por regla general, de unos protocolos ya fijados.
Se priorizaban los momentos considerados los más destacados, como la entrada en la iglesia, el intercambio de anillos, el primer beso…

Por suerte, eso ha evolucionado y hoy es posible encontrar fotógrafos especializados en estos eventos que realizan reportajes muy originales, en los que se logra captar hasta el más mínimo detalle en las fotografías. De esta forma, se dejan patentes las emociones que en ese día sienten, tanto los novios como la familia y los amigos, en forma de imágenes.

Conseguir capturar una lágrima en un momento concreto o cualquier gesto de complicidad entre los invitados, es tan importante como lo son los primeros planos de los novios. En la actualidad, además de un buen reportaje fotográfico, no debería faltar un vídeo que aporte y complemente las fotografías que se realizan durante esa jornada inolvidable.

Cómo escoger un buen fotógrafo

Poder visualizar los reportajes que un fotógrafo ha realizado con anterioridad es fundamental a la hora de escogerlo, ya que de esta manera se puede valorar su originalidad y la calidad de su trabajo.

Hay que tener en cuenta que un álbum de boda es uno de los que más se miran y más emoción nos provocan, por lo que es importante invertir el tiempo necesario en realizar una buena elección.

Un fotógrafo profesional suele conocer con anterioridad las localizaciones escogidas para realizar sus reportajes, y se prepara para que se puedan aprovechar todos los recursos ambientales. También se preocupa en saber los detalles de la preparación, la celebración y la ceremonia, adecuando su trabajo a los distintos momentos.

Durante la primera reunión es necesario que los novios puedan transmitir todas las ideas que tienen, para que el día de su boda se convierta en el que siempre han soñado.

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Detalles que marcan la diferencia

La belleza de un reportaje fotográfico repleto de luminosidad y vida, se puede conseguir cuando existe un dominio real de la luz. Como factor clave de la fotografía, con ella se pueden conseguir imágenes que transmitan belleza y verdad a partes iguales.

En mi estudio apostamos por una luz natural con matices reconfortantes y cálidos, ya que resulta más bella y real que la que se genera a través de elementos artificiales. Todo ello tanto en interiores como en exteriores, puesto que, de esta forma, podemos conseguir una fuerza especial.

Normalmente el día de la boda no es el único reportaje que se suele realizar, sino que cada vez es más habitual un trabajo pre-boda y otro post-boda. Y si en todos ellos se crea algún lazo de unión a través de los detalles, los entornos, las personas protagonistas, el estilo de enfoque, se puede ampliar aún más el recuerdo de estos días que tanto queremos cuidar.

La espontaneidad en cada fotografia

Los novios puede que tengan muy claro, antes de su boda, cuál es el estilo que les gusta y los momentos que no se pueden olvidar.

Si todo ello se ha hablado antes de la celebración, se logra cierta relajación al saber que lo que ellos consideran importante seguro que se va a poder fotografiar.

Normalmente las parejas no desean fotografías documentales y buscan naturalidad en las mismas, por lo que una de mis máximas es no perderme ningún momento y fotografiar de manera continuada, ya que siempre está pasando algo, por muy imperceptible que sea, en un día como el de la boda.

Aparte de situaciones tan evidentes como el intercambio de anillos o el primer beso de los novios, existen otras que no lo son tanto como, por ejemplo, un abrazo en mitad de la multitud, una mirada cruzada de amor… momentos y emociones que sin duda merecen la pena ser inmortalizados.

Es necesario estar muy presentes y concentrados para saber reconocer cada uno de esos instantes y poder encontrar el mejor encuadre o ángulo para potenciar esa preciosa fotografía a nivel estético.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de personas no somos profesionales de la moda y, por tanto, no posamos de manera natural, lo mejor es dejar en manos del fotógrafo esas capturas espontáneas que hablan por sí solas. Y es que seguramente con el paso de los años nos gustará especialmente ver unas fotografías en las que los invitados estaban pasándoselo bien antes que verlos en una foto posando de manera poco auténtica.

Por eso, en mi estudio me gusta realizar el reportaje fotográfico de cada boda con personalidad y con una identidad propia, para que cuando el día de mañana se vea el álbum de fotos, sea posible volver a revivir ese día tan especial, con toda la felicidad que merece.

Contarme que necesitáis, estaré encantada de ser vuestra fotógrafa.
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